miércoles, 26 de julio de 2017

LOS TABUYOS DE ANSERMAVIEJO


Alfredo Cardona Tobón*

 

RESUMEN

 

Este artículo se refiere a los indígenas tabuyos cuya comunidad es parte de la matriz del mestizaje ansermeño. Ellos repoblaron la aldea cuando los españoles se trasladaron a Ansermanuevo y ocuparon gran parte del territorio de la antigua ciudad hasta que fueron desplazados por los colonos antioqueños.

En este escrito se recuerda a un pueblo expoliado y atropellado, cuya historia apenas tocan los textos que se refieren al pasado ansermeño.



 

EMPIEZA EL RELATO

 

Un vientecillo se coló entre la torre de guadua de la capilla de Tabuyo empujando el rejo de la campana que llamaba a misa; un gavilán giraba y giraba encima del rancherío preparando el embate sobre unos pollitos que salían de vez en cuando del encrespado plumaje de una gallina, y mientras el sol se desperezaba salían de sus chozas los indios medio dormidos: varones, mujeres viejas, muchachos de surtidas edades y mozas con niños de brazos.

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Todos ellos se dirigieron al templo humilde por un sendero estrecho tallado por el paso de los nativos en el flanco de la montaña de Ansermaviejo. A la entrada, en el altozano de la Casa del Señor, el cacique Bartolo Tabarquino miraba y hacía cuentas: nadie podía faltar al oficio religioso, pues en caso contrario el cura doctrinero se lo cobraría con multa, cepo o latigazos.

 

Los vecinos de la parcialidad de Tabuyo asistieron a la ceremonia litúrgica presidida por un fraile franciscano que hablaba un idioma que no entendían y les obligaba a adorar a un Dios flagelado, clavado en unos leños como cualquier indio alzado contra los españoles. Los nativos bautizados permanecieron en la iglesia hasta el Prefacio, el resto esperó afuera y cuando terminó la misa volvieron a entrar a rezar por la salvación de sus almas.

 

Ocho años habían transcurrido desde la llegada de Jorge Robledo con su tropa conquistadora. Empezaba a borrarse el recuerdo de Ocuzca, de Tuzarma y demás

indios guerreros cuyos huesos se habían convertido en tierra; allí estaban los indígenas vencidos a merced de los encomenderos y los curas doctrineros; ya no eran valientes con plumas y varas aguzadas de chonta; era gente con miedo y enferma, pues además de los mosquetes y los perros comedores de hombres, la gripa, la lepra y la viruela traída por los invasores los estaba aniquilando.

 

El 7 de agosto de 1547 algún escribano, por piedad o movido por una pepa de oro, redactó un memorial firmado por el cacique y dirigido a las autoridades virreinales donde se mostraba la desgracia de los tabuyos y solicitaba autorización para regresar al sitio de Umbría, de tierras fértiles, buenas aguas, temperatura saludable y montes apropiados para cortar madera. Querían regresar a sus antiguos predios de caza, a la tierra de sus dioses y sus mayores, pero fueron inútiles los reclamos pues los explotadores los necesitaban cerca de las minas de oro de Quiebralomo y Buenavista.

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Diez años más tarde, en 1557, una india yanacona con el pretexto de comprar sal llegó hasta Anserma. Su intención era lograr el apoyo de los caciques ansermas en la rebelión que se fraguaba en Chinchina contra los españoles.  Al conocer las intenciones indígenas, Luis de Guevara, teniente General de la provincia apresó a los caciques para abortar la alianza con los quimbayas y los panches; puso grillos a los caciques de Mayma, Aconchare, Pirsa, Carambá, Andica, Mápura e Irra y en la cárcel los dejó morir de hambre.

 

 

Las atrocidades cometidas por los españoles, las enfermedades y el trabajo esclavo diezmaron la población indígena en forma tan dramática que, en 1582, en la región de Anserma, sólo quedaban 800 indígenas junto con mil esclavos negros explotados por 24 españoles decrépitos. La aldea de Anserma de antiguos blasones se había convertido en un moridero de hombres.

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Ante las despoblación nativa,  los  encomenderos gestionaron créditos reales para importar más esclavos negros para trabajar las minas y el  Oidor Lesmes de Espinosa y Saravia  en el año 1627 mandó que fueran “reducidos, poblados y agregados en el sitio de Tabuya a los indios de los repartimientos de Chatapa, Usma, Tusa, Apía La Baja, Apía de Juan Benítez, Sopinga, Andica, Cumba, Guacaica, Curumbí,  Provincias,  Tabuya y el Peñol, que entre todos suman 166 indios útiles tributarios, sin viejos, reservados, ausentes,  caciques,  mujeres y sus familias”

 

En 1730 el misionero franciscano fray Dionisio del Camino visitó la aldea de la Purísima Concepción de Tabuyo, adscrita a la doctrina de Opirama en Quinchía. Los naturales se quejaron de la falta de un religioso que los atendiera. Sus suplicas fueron escuchadas, pues catorce años más tarde los comuneros del Resguardo se quejaron al obispo de Popayán de las extorsiones de los curas doctrineros quienes los obligaban a trabajar para ellos y a darles parte de las cosechas con la amenaza de  no dar sepultura a los muertos ni administrarles los sacramentos.

 

 TABUYO Y ANSERMAVIEJO

 

La orden de extinción del convento de San Luis, notificada el 24 de septiembre de 1777, marcó el eclipse del Anserma encomendero; los pocos criollos y europeos que habitaban en los contornos se trasladaron a un sitio cercano a Cartago y allí fundaron la población de Ansermanuevo.

 

Esto no quiere decir que el traslado hubiera marcado la desaparición de Anserma, pues la agonizante aldea se repobló ralamente con vecinos de Tabuyo, como afirma el francés Boussingault, quien en sus crónicas cuenta que en 1827 pasó por Ansermaviejo y se alojó allí en casa de un alcalde indígena.

 

La guerra de Independencia arruinó la población de Ansermanuevo y tocó a Ansermaviejo, pues las guerrillas patriotas y realistas operaron continuamente en su territorio.  En la época republicana el caserío de Anserma con sus vecinos tabuyos dependió primero de la ciudad de Cartago, luego quedó bajo la jurisdicción de Toro y a partir de 1869 quedó bajo la jurisdicción del distrito municipal de Quinchía.

 

EXTINCIÓN DEL RESGUARDO

 

En1870 un censo de población arroja la cifra de 633 pobladores en Ansermaviejo, 2700 en Quinchía y 5689 en Riosucio.

Al copar las tierras del suroeste antioqueño, los paisas cruzan la frontera de su Estado y se internan en el norte caucano donde están los baldíos del Valle de Risaralda, los de la Serranía de La Soledad y también las fértiles tierras del Resguardo de Tabuyo que ocupaban las actuales veredas de Bellavista, Tamarbia, La Linda, El Cerro, Vergel Bajo, Vergel Alto, Miravalle, Partidas, El ¨Poblado, Guapacha, El Pensil, el Rosario y San Pedro.

 

Don Pedro Orozco acaba de liquidar la sociedad colonizadora de Támesis y con sus hermanos Jorge, Leopoldo y Manuel Salvador, en el año 1870 inicia negocios de tierra en Ansermaviejo en alianza con políticos, militares y autoridades caucanas.

En 1875 el gobierno del Cauca autoriza la venta de los Resguardos del norte del Estado y se facilita la operación de los empresarios paisas que en asocio con funcionarios corruptos y políticos ambiciosos adquirieron la mayor parte de los terrenos de los tabuyos.

 Ponciano Taborda, administrador de la parcialidad de Tabuyo inicia la feria de los bienes indígenas: en 1876 da al agrimensor William Martin un gran lote como parte de pago de la mensura del Resguardo y cede a Juan de Dios Gamboa el área de Varillas, hoy municipio de Risaralda.

 

En 1892 una Junta Repartidora compuesta por el alcalde y el notario de Ansermaviejo, en asocio con el administrador de la parcialidad, reparten las 6147 hectáreas del Resguardo. Separan 51 hectáreas para la población, ceden más tierra a William Martin, dan lotes a los miembros de la Junta Repartidora y entregan 53 parcelas de 43 hectáreas cada una a los comuneros tabuyos.

 

Con remates amañados los Orozco, Rudesindo Ospina, el Jefe militar Ponciano Taborda y Juan de Dios Gamboa se adueñan de la mayor parte de los ejidos cedidos por el gobierno caucano a los vecinos de Ansermaviejo mientras los mejores baldíos quedan en manos de la familia Henao de Manizales, de Rudesindo Ospina, los Gartner, los Santacoloma, los Salazar y los Bayer

 

Los curas de Támesis, Palermo y Jericó incentivan la colonización paisa de Ansermaviejo: desde los púlpitos invitan a sus parroquianos a radicarse en los abiertos de los Orozco quienes les venden o les financian parcelas con amplias facilidades de pago, les proporcionan semillas, les dan ganado en compañía y compran las cosechas. En diez años los indios quedan sin tierras, pues se las arrebatan en juicios amañados o las venden a menosprecio. Sin lengua ni identidad los tabuyos se funden en el crisol del mestizaje para convertirse en peones o sirvientes de los pobladores antioqueños

 

El 19 de septiembre de 1899 José María Clavijo y otros 43 descendientes de los tabuyos tratan de recuperar las 51 hectáreas separadas para fundar una población nativa, pero era tarde, pues Maximiliano Pamplona ya las había vendido a varios colonos paisas, quienes establecieron allí el poblado de San Pedro, hoy corregimiento del municipio de Anserma.

 

De la época encomendera no quedó un solo monumento que recuerde el paso de los españoles por Ansermaviejo; los antioqueños estamparon la impronta conservadora y clerical de la cultura paisa y de los tabuyos, últimos descendientes de la raza que fue señora de las selvas, nada quedó de su cultura, tan solo algunos  apellidos como Uchima, Útima, Guapacha y Usma y el color cobrizo en el campesinado mestizo de  la antigua ciudad encomendera..

 

* Ingeniero mecánico y metalúrgico, Docente universitario por más de 20 años en prestigiosas instituciones de Educación Superior; conferencista, fundador del Encuentro de la Palabra; miembro de número de la Academia Caldense de Historia, de la Academia Pereirana de Historia y del Centro de Historia de Manizales. Autor de varios libros, entre ellos, Ruanas y Bayonetas, Quinchía Mestizo, Indios Curas y Maiceros y Los Caudillos del Desastre.

Autor de centenares de artículos escritos para los periódicos La Patria y l Diario del Otún.

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