viernes, 21 de abril de 2017

PEDRO BRINCOS Y LA AVIADORA



Alfredo Cardona Tobón*

                                                 Roberto González Prieto

El Líbano en el Tolima es una comunidad liberal en medio de varios municipios conservadores fundados por antioqueños; en 1948 Roberto  González Prieto  era  el dentista de la población y todo hacía  presentir que allí viviría  hasta agotar los días en medio de sus nietos; pero el destino le trazó otros caminos, porque a mediados de ese año   asesinaron  a su  padre y  quemaron  las  propiedades de la familia.   Ante tales desgracias Roberto González   emigró al municipio de El Cairo en el Valle, donde empujado por la venganza se unió a un grupo de bandoleros que operaba en las estribaciones montañosas de la cordillera occidental.

Como González Prieto había prestado servicio militar en el Batallón Ayacucho de Manizales, esa experiencia sirvió para que a fines de 1949 lo nombraran segundo comandante de la cuadrilla de Agustín Bonilla, alias “el Diablo,” que combatía al gobierno de Ospina Pérez en el norte del Tolima.

EL REINO DE LOS BANDIDOS

González Prieto se  separó de “El Diablo” y con el alias de “Pedro Brincos”  conformó con sus cuatro hermanos y varios amigos un  grupo  con inspiración comunista que  asoló a las comunidades conservadoras de la zona. En 1957 “Pedro Brincos” se desplazó al Quindío y con varios profesionales de izquierda intentó dar forma a un movimiento político con plataforma gaitanista cuyo objetivo era tomarse el poder con las armas

 “Pedro Brincos” tomó la identidad de un rico hacendado del occidente caldense llamado Julio Calle y en esa forma consiguió el apoyo de las fuerzas militares para trabajar por la pacificación de la región.

Con Libardo Mora, un abogado campeón Bolivariano de Atletismo, Julio Calle viajó a Quinchía donde empezaban a conformarse algunos grupos de autodefensa para hacer frente a “los pajaros” que estaban haciendo invivible la población. La comunidad quinchieña  recibió con entusiasmo a Julio Calle, quien con la colaboración del alcalde Gilberto Cano, del directorio liberal y de los notables del pueblo organizó un encuentro  en la vereda “La Cumbre” donde expuso su interés  en defender  a los ciudadanos pacíficos. Con estos planteamientos Julio Calle, o sea Pedro Brincos, se ganó la voluntad de los campesinos y empezó a organizarlos para que hicieran frente a los antisociales que venían asolando las veredas del municipio. Julio Calle estableció un sistema de cuotas para sostener “la justa causa” y montó un centro de adiestramiento militar. Pronto contó con centenares de  macheteros y escopeteros, entre quienes figuraron  los  jefes bandoleros que llenarían de sangre y de luto al Occidente Caldense:  allí estaban  Medardo Trejos ( alias Capitán Venganza), el  “Capitán Águila”,  “Pasolento”, “Coclí”,  el “Cabo Bonilla”, el “Sargento García”,  “Cosiaca”… y también una bella mujer apodada  “La Aviadora”, quien desde el encuentro en “La Cumbre” acompañó a Julio Calle en la conformación de los grupos irregulares

LA AVIADORA
                                                        Graciela Quintero


Se llamaba Graciela Quintero; era garbosa, espigada, morena, de fácil palabra y alguna cultura.  Aún niña había escapado de su casa y después de recorrer muchos caminos cayó en los brazos de un piloto que la protegió, la hizo socia de sus negocios y hasta le enseñó a pilotear una avioneta que descargaba contrabando en Centroamérica.

Un día de 1947 “La Aviadora” cansada del trajín y la aventura, regresó a su casa con dinero y mucho mundo, compró algunas propiedades y escandalizó a las mojigatas pueblerinas con sus trajes ceñidos, los escotes, el caminado pecaminoso… mientras una corte de viejitos verdes y los ruanetas del pueblo le hacían guardia de honor cuando levitaba sobre las empedradas calles de Quinchía.

En la vorágine de crímenes que azotó el occidente del Viejo Caldas, la “Violencia” también clavó sus garras en Graciela. A mediados de noviembre de 1949 un sicario asesinó a un distinguido empresario manizaleño que había tocado el corazón de “La Aviadora” y la visitaba todos los fines de semana y en 1957, Carlos Hernández, su hermano medio, cayó abatido en un ataque que perpetró contra una familia de apellido Suaza.

LAS ACCIONES EN EL TOLIMA

Las masacres perpetradas por la fuerza pública y por los criminales arropados bajo banderas políticas a movieron a los comerciantes,  a los notables y a los campesinos del Líbano a organizarse para poner punto final a la barbarie. Para tal efecto hicieron contacto con” Pedro Brincos” que salió de Quinchía junto con “La Aviadora” y se dirigió a la población de El Líbano con la intención de servir de mediador entre las bandas y las fuerzas armadas.

Pero en realidad sus intenciones eran otras; Pedro Brincos  se reunió con las cuadrillas de “Sangrenegra”, “ de “Tarzán” y  de “Desquite” y en nombre del MOEC (Movimiento Obrero Estudiantil Campesino) propuso el establecimiento de un reglamento guerrillero, mejor trato al campesinado,  el pago de los víveres y consumos,  un sueldo a los “muchachos del monte”  y un pacto de cese al fuego y el control guerrillero de un territorio

Por invitación de Fidel Castro, “Pedro Brincos" viajó a Cuba donde lo recibieron como un héroe revolucionario. Al regresar quiso convertir las montoneras antisociales en unidades de combate con objetivos diferentes al ciego sectarismo, pero nada logró, pues “Desquite”, “Chispas”, “Tarzán” y demás facinerosos eran simples bandidos dedicados al pillaje y envenenados por el odio.

Más que un bandido, "Pedro Brincos " fue un especialista en formar cuadrillas alineadas dentro del marco internacional de la Unión Soviética con el objeto de tomar el poder.  En esas estaba en Pereira cuando el    28 de marzo de 1957 el SIC (Servicio de Inteligencia Colombiano) lo apresó junto con “La Aviadora” sindicándoles de todo tipo de delitos. Como nada pudieron comprobarles, al año de estar detenidos tuvieron que liberarlos; fue entonces cuando la pareja se acogió al programa de rehabilitación del gobierno y “Pedro Brincos” tramitó un préstamo por $ 10.000, que motivó un escándalo nacional, pues decían que los dineros de rehabilitación se habían convertido en un fondo para el crimen.

 Excluido y perseguido, “Pedro Brincos” volvió a las viejas andanzas y en 1961 conformó en Turbo, Antioquia, un grupo de bandidos de corte comunista. Dos años después, el 15 de septiembre de 1963, Roberto González Prieto cayó abatido en el sitio La Isla en jurisdicción de Lérida.  Graciela Quintero, por su parte, no pudo ubicarse en parte alguna, pues según sus declaraciones, la perseguía con saña un conocido periodista manizaleño, resentido al no haber podido obtener sus favores.

Uno por uno cayeron los actores de la violencia partidista y Graciela, pobre y anciana, murió al empezar el siglo XXI en una humilde casa a la salida de Obando Valle. Esta es la historia de la pareja que dio piso a la “república del Capitán Venganza” e intentó capitalizar para el comunismo las cuadrillas asesinas del norte del Tolima.” Pedro Brincos” fue un instrumento de Fidel Castro y “ La Aviadora”  una aventurera que las circunstancias llevaron a los campamentos bandoleros.

 

 

domingo, 16 de abril de 2017

FUNDACIÓN DE LA CELIA-RISARALDA




Alfredo Cardona Tobón

 


La Celia es uno de los municipios menores del departamento de Risaralda con una historia nueva pese a lo cual es casi desconocida por su gente y por los risaraldenses. En busca de esa historia visitamos con el doctor Juan Hurtado a doña Silvia Jaramillo, una pobladora del antiguo caserío quien en su lecho de enferma revivió innumerables sucesos del pasado municipal.

Contó doña Silvia que por allá en el año de 1910, en el sitio donde hoy se encuentra la población había tres fincas cafeteras denominadas “La Selva”, “Sabaletas y “La Celia”, de propiedad de los herederos de Martín Ortiz Romero. Había cosechaderos de maíz y fríjol que sostenían numerosos campesinos oriundos de Santuario y del  corregimiento de El Rey, hoy Balboa y  las fincas en expansión daban trabajo a peones de la región.

En un punto entre “La Celia” y “Sabaletas, un señor robusto llamado Luis Guevara, de gruesa panza, dicharachero y ganoso de dinero montó la fonda de “El Embudo”, donde se reunían los vecinos a tomar cerveza y a libar el aguardiente tapetusa destilado en las vecindades. Don Luis, contaba el papá de doña Silvia Jaramillo, retornó al suroeste antioqueño y el nuevo propietario de “El Embudo” le cambió el nombre por “La Guaca” que al final quedó como la fonda “Barcelona”.

En 1913 los hermanos Manuel Vicente  y Martín  Ortiz Osori, junto con Carlos Echeverri  y otros vecinos levantaron  un caserío al coronar  la pendiente del río Monos en tierras consideradas baldías cerca de la hacienda La Celia.  A los primeros colonos se sumaron Manuel Tabares, Estanislao Rodríguez, Teodoro Loaiza, Daniel Zapata y otros 35 padres de familia y el rancherío con una humilde capilla empezó a convertirse en una fundación estable, cuyos vecinos Vivian de las rozas de maíz, de los cultivos de fríjol o como peones de las fincas cercanas o trabajadores en las fuentes saladas de la Martinica, La Rica y San Agustín.

 Los empresarios que estaban abriendo monte y montando haciendas apoyaron la fundación, pues les convenía al retener mano de obra para sus cultivos. Se contó, además,   con el aval de la administración de Santuario que vio con buenos ojos el desarrollo de ese núcleo poblacional en tierras poco habitadas.

La aldea con el nombre de “La Celia”, por estar cerca de la finca con ese nombre se desarrolló   rápidamente  en forma tal que  a los dos años de levantar las primeras casas  alcanzó la dignidad de corregimiento  como consta en el Acuerdo con fecha del 25 de noviembre de 1915, firmado por  Don Alejandro Uribe, presidente del Concejo de Santuario,  y por Carlos Echeverri,  Secretario de la corporación municipal:

 “Acuerdo No. 1- Sobre la creación de un nuevo corregimiento en el municipio.

El Concejo de Santuario en uso de sus facultades legales y considerando:

1°-  Que en la importante fracción de “La Celia” de esta jurisdicción existe un caserío, en donde al mercado concurren  más de 200 personas, todas de dicha fracción y de las de Cañaveral y de Monos.

2°-Que dicho caserío fuera de su número regular de habitantes tiene local para escuelas, oficina, buena localidad y aguas potables.

3°- Que toda la expresada región, como el supradicho caserío se halla en terrenos baldíos y

4°Que tanto para el incremento y desarrollo de la riqueza pública, como para la buena administración conviene sobre manera erigir a dicho caserío como cabecera de corregimiento de esa  región que más tarde podría llegar a ser  la categoría de municipio por la riqueza y extensión de sus terrenos, como por la laboriosidad  de sus habitantes

ACUERDA:

ARTÍCULO 1- Erícese en cabecera de corregimiento el caserío de La Celia, que se denominará Barcelona.

ARTTÍCULO 2. Aprópiese para  el desarrollo  del poblado un área de terreno de 20 hectáreas, que serán medidas de acuerdo con la demarcación respectiva.”

A mediados de diciembre se inauguró el corregimiento de “Barcelona” con fiestas, cabalgatas, pólvora y la asistencia de las autoridades y las personalidades de Santuario y del Alto del Rey. Ese día Vicente Ortiz, propietario de La Celia donó los solares para la iglesia, la Casa Cural, la Casa Consistorial y la escuela. Meses después el municipio de Santuario compró a los herederos de Martín Ortiz quince hectáreas de terreno contiguas al caserío para repartirlas a quienes quisieran instalar su casa en el nuevo corregimiento.

EL POBLAMIENTO DE BARCELONA

La clase dirigente del municipio de Santuario impulsó el poblamiento del vasto y fértil territorio municipal. Los Lenis, los Gartner, los Uribe y demás familias prominentes se vincularon desde sus primeros tiempos a los corregimientos del Alto del Rey y de Barcelona.

El sacerdote Marco Antonio Tobón Tobón, director del colegio San Agustín de Santuario y de la revista “Tatamá” de esta misma población, insertó  el siguiente aviso  en la edición de agosto de  1915:

COLONOS:

Llamamos la atención de las familias que en otras partes están escasas de tierra. El territorio de La Celia en el Alto Cañaveral goza de las más feraces montañas de variados climas, en terrenos baldíos en su mayor parte.

Pueden acomodarse allí  10.000 habitantes. El caserío toma rápido incremento y hay una buena escuela oficial.”

Como se había augurado el corregimiento de “Barcelona” alcanzó en muy pocos años la dignidad de municipio, así que el 30 de noviembre de 1959   por Ordenanza No.  96, la Asamblea de Caldas creo el nuevo distrito municipal de “La Celia” y Barcelona pasó a la historia.

José Villa Grajales fue el primer alcalde que orientó al municipio que ha sorteado serias dificultades como asuntos limítrofes con Santuario, la violencia partidista de mitad del siglo pasado y los coletazos de los narcos que impusieron el terror en todo el territorio.

“La Celia” es un bello municipio, con buenas aguas y tierras fértiles, con gente amable y emprendedora, donde familias líderes como los Cano, los  Herrera, Hurtado, Zapata…  han convertido el municipio en una despensa y un remanso de paz del departamento de Risaralda.